Donde se asienta la consciencia

Hace unos días me etiquetaron en una publicación de LinkedIn sobre la consciencia (¡gracias Jule! :)). Aunque no sea de los temas preferidos del blog, es uno que me encanta.
El estudio de la consciencia ha experimentado un auge significativo en los últimos 10 años. Gracias a los avances en técnicas de neuroimagen, hoy es posible acercarse a la consciencia con un rigor metodológico sin precedentes. Esto es crucial, ya que, sin desmerecer la absolutamente necesaria y fascinante discusión filosófica, sólo el método científico nos permite acercarnos lo máximo posible la realidad de las cosas.

O, por lo menos, es la mejor herramienta que tenemos hasta el momento. Y no nos va tan mal.
Pero no me quiero ir por las ramas. El motivo de la entrada y tema del artículo en cuestión, es una nueva teoría de la consciencia propuesta por Johnjoe McFadden, profesor en la Universidad de Surrey (Reino Unido). En su planteamiento, McFadden sugiere que la consciencia no es otra cosa que la actividad electromagnética del cerebro. Es decir, la consciencia es la energía propiamente dicha que genera nuestra actividad cerebral.

Tradicionalmente, el estudio de la actividad consciente se ha realizado mediante electroencefalografía (EEG). Estos métodos permiten registrar la actividad eléctrica de la corteza cerebral, cuya frecuencia y actividad se ha asociado a diferentes estados de consciencia y procesos cognitivos.

Representación de EEG y registro.

Sin embargo, un aspecto clave de la consciencia es que representa información integrada. Para ser consciente, para experimentar subjetivamente la realidad, es necesaria la integración de información. Esto implica que cualquiera que sea el mecanismo por el que la consciencia ocurra, como mínimo debe ser capaz de codificar esta información integrada. Y también representa un reto, ya que a diferencia de lo que pueda parecer más intuitivo, la información no es algo etéreo, sino algo físico. Por lo tanto, esa información integrada debe codificarse físicamente.

McFadden recalca que las técnicas de registro de actividad cerebral sólo contemplan la posibilidad de una integración temporal de la información. Fenómenos como el procesamiento de información neural, o la computación (ambos ejemplos de procesos de integración de información) se basan en la correlación de los registros (outputs) con múltiples estímulos (inputs). Esto implica que la integración de información se implementa únicamente a nivel temporal, no espacial, por lo que no puede responder a un modelo de integración física de la información. En cambio (y aquí está la novedad), los campos de energía electromagnética pueden integrar información a nivel espacial.

El campo electromagnético (EM) es energía que se detecta fácilmente con el EEG y otras técnicas como la magnetoencefalografía. Sin embargo, no es extraño que este campo se descarte del análisis por considerarse como «ruido de fondo». En cambio, la nueva interpretación considera este campo magnético como el lugar donde precisamente se asienta la consciencia.

McFadden desarrolla esta idea en base a la teoría del campo de información electromagnética consciente (cemi, en inglés). Esta teoría propone que la consciencia presenta dos propiedades: es información causalmente activa y está físicamente codificada en el campo EM. McFadden extiende este planteamiento y argumenta que la consciencia no resulta de un procesamiento de información a nivel temporal, sino espacial, mediante la implementación de algoritmos en el campo EM del cerebro. A diferencia de la información integrada temporalmente, un algoritmo en el espacio solo puede funcionar cuando sus nodos computacionales se activan de forma sincrónica, de modo que sus entradas están disponibles simultáneamente para todos los componentes de la red. Esto es coherente con la evidencia experimental que demuestra que la experiencia consciente exige una actividad sincrónica a distintos niveles del circuito talamocortical.

La propuesta de McFadden describe cómo la mayoría de características de la consciencia observadas se pueden explicar mediante la teoría de campo cemi. Además, como buen teórico, el autor realiza algunas predicciones y discute sus implicaciones para el diseño de una futura consciencia artificial (no confundir con inteligencia artificial).

«Cómo la materia cerebral se vuelve consciente y logra pensar es un misterio que ha sido ponderado por filósofos, teólogos, místicos y gente común durante milenios. Creo que este misterio ya se ha resuelto, y que la conciencia es la experiencia de los nervios que se conectan al campo electromagnético autogenerado del cerebro para impulsar lo que llamamos ‘libre albedrío’ y nuestras acciones voluntarias» (Johnjoe McFadden, 2020).

Como propuesta, me parece muy, muy interesante. Sobre todo porque lo que resulta es una suerte de dualismo científico centrado en el cerebro y la energía que lo imbuye, a diferencia del tradicional dualismo que distingue entre materia y espíritu. No obstante, como toda buena propuesta teórica, necesita proponer hipótesis y experimentos que determinen si está más o menos cerca de la realidad. Así que, stay tuned!

Fuente: Johnjoe McFadden. Integrating information in the brain’s EM field: thecemi field theory of consciousness. Neurosci Consious, 2020; 6(1): niaa016. doi: 10.1093/nc/niaa016

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