Neurociencia social 101

En neurociencia hay campos que se desarrollan por lo bajini. Y que, por un motivo u otro, experimentan un auge en un momento dado. La neurociencia social podría ser uno de estos campos.

La neurociencia social pivota sobre dos puntos: uno mismo y el resto. Así, todas las grandes preguntas de este campo de estudio se centran en (1) descifrar qué mecanismos neurales y psicológicos subyacen al procesamiento de información sobre uno mismo y otras personas; (2) si estos mecanismos son compartidos, independientes o complementarios, y cómo el cerebro diferencia entre uno mismo y los demás; y (3) cómo el contexto social afecta a estos procesos y es afectado por ellos.

Yo y el mundo

Cada persona tiene información sobre sus rasgos personales, creencias, deseos, historia, ubicación en el espacio y el conocimiento de que su cuerpo es suyo. La integración de toda esta información es lo que forma un constructo clave en la conducta social: el yo. Aun así, no hay una sola región del cerebro a la que apuntar como epicentro del procesamiento de la información relacionada con el yo.

Los datos confirman con cada vez mayor robustez que el yo parece ser un pastiche compuesto de procesos separados. Una vasija que contiene un vasto suministro de información proveniente tanto del interior como del exterior. De hecho, hay consenso entre los expertos en psicología social sobre la “existencia de distintos yoes”.

Áreas cerebrales especialmente implicadas en el procesamiento de información autorreferencial.

La imagen de sí cambia en función del contexto, y se considera un yo diferente cuando se está en el trabajo, entre amigos, con la familia, etc. Entrar en este mundo social es mezclarse con los demás y activar el «cerebro social», también formado por sistemas interconectados. Algunos de estos sistemas y capacidades pueden estar específicamente dedicados a las interacciones sociales. Una de las más importantes y que más facilita esta interacción es la empatía.

Empatía

La empatía es fundamental en fenómenos como la interacción social, el comportamiento prosocial y la toma de decisiones morales. Sin embargo, carece de una definición clara. En pocas palabras, la empatía denota la capacidad de compartir y representar en uno mismo los estados afectivos y cognitivos de los demás. De modo que es posible comprender y predecir los sentimientos, pensamientos y acciones de los otros.

A pesar de no haber una definición cerrada de empatía, sí parece haber acuerdo en diferenciar dos concepciones generales: la empatía afectiva y la empatía cognitiva.

POV tu metaconocimiento cuando sientes pena con otra persona.

La empatía afectiva representa una un estado afectivo orientado a la otra persona, similar al suyo y provocado al observarla. Implica necesariamente alguna forma de metaconocimiento que permite al sujeto identificar la fuente de su propio estado afectivo como diferente del estado afectivo de la otra persona.

La empatía afectiva ocurre especialmente cuando el sujeto percibe directamente el estado emocional del otro. Esta percepción activa representaciones distribuidas del estado del otro sobre quien observa. Estas representaciones se desarrollan con la experiencia e incluyen recuerdos, conceptos semánticos, estados y expresiones corporales (incluidas las faciales).

La empatía cognitiva se refiere a la capacidad de identificar y comprender los sentimientos de los demás sin necesidad de compartir el mismo estado afectivo. Es, por decirlo así, una respuesta puramente intelectual. La empatía cognitiva está íntimamente relacionada con la Teoría de la Mente, la cual a su vez se relaciona con la capacidad de construir una representación interna del estado afectivo o cognitivo de otra persona que puede usarse para anticipar el comportamiento de esta.

La empatía cognitiva implica acceso a las representaciones afectivas disponibles a través de la memoria de trabajo, la función ejecutiva, la regulación de las emociones y los procesos visuoespaciales. Así, aunque el otro no esté presente, la respuesta afectiva y las representaciones asociadas se comparten entre los procesos cognitivos y emocionales.

Neuroanatomía funcional de la empatía

Uno de los modelos más populares en explicar la empatía es el modelo de percepción-acción, de Preston y Waal (2002). Según estos autores, la empatía se define como una experiencia emocional compartida que ocurre cuando una persona (sujeto) llega a sentir una emoción similar a la de otro (objeto) como resultado de percibir su estado. Este proceso surge debido a que las representaciones del estado emocional del sujeto se activan automáticamente cuando presta atención al estado emocional del objeto.

El mecanismo neural sugerido para este fenómeno asume que los dominios de procesamiento cerebral dependen de su composición y conectividad celular. De este modo, no hay un «área de empatía», sino que las áreas y sistemas se reclutan cuando la tarea requiere el dominio relevante. Las famosas neuronas espejo localizadas en la región motora serían una de estas áreas.

Sin embargo, es un error limitar la empatía a las neuronas espejo, ya que otras áreas también parecen especialmente activas durante la observación e imitación de expresiones faciales emocionales. En concreto, se ha visto que la ínsula anterior y el giro frontal inferior muestran una actividad elevada durante tareas que implican imitación. Es importante señalar que la actividad elevada relativa de estas áreas se produce durante la imitación intencional, pero no con la observación pasiva de las expresiones faciales (de ahí la «acción» del modelo).

También parecen participar de forma especialmente importante la ínsula y el giro cingulado. La primera, sobre todo en el procesamiento de información afectiva y cognitiva. No es de extrañar, dada su función en la integración de información emocional, sensorial y cognitiva. A su vez, la corteza cingulada se ha implicado en el control afectivo, cognitivo y motor, además de en la evaluación del contenido motivacional de estímulos tanto externos como internos. 

Ubicaciones relativas y los roles de las áreas involucradas en la empatía. Estudios de neuroimagen en neurociencia social sugieren que es necesaria la representación afectiva para imaginar cómo se siente otra persona. Sin embargo, dependiendo de la tarea, la actividad neuronal observada enfatiza los aspectos cognitivos o afectivos. Las regiones más asociadas con las tareas de empatía afectiva se muestran en rojo 1: Regiones más asociadas a empatía cognitiva se muestran en azul 2. Regiones que se activan comúnmente en tareas afectivas y cognitivas se muestran en verde 3.

Es curioso esto de la neurociencia social. Gira en torno a cuestiones que, literalmente, todo el mundo conoce y experimenta de una forma u otra. Estos constructos suelen ser los más difíciles de rastrear, ya que, aunque intuitivo, existe un conocimiento profundamente arraigado sobre qué es y qué significan. Si se pregunta a cualquier persona qué es «yo», sabrá perfectamente qué siente, pero probablemente no lo pueda definir o describir muy bien. Con la empatía pasa algo similar. Puede resultar iónico querer estudiarla de forma metódica, pero la capacidad de identificar estados internos de los otros y predecir su conducta en base a estos es de una importancia evolutiva indiscutible. Y, como tal, es importante desgranar su naturaleza.

O al menos eso me parece a mí.

  1. Corteza cingulada anterior (CCA), área motora 1 (M1), la corteza premotora, área suplementaria 1 (S1) y 2 (S2), polo temporal (TP). ↩︎
  2. Corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC), lóbulo parietal inferior (IPL), giro temporo-parietal (TPJ), giro temporal superior (STG), giro fusiforme (FG). ↩︎
  3. Ínsula anterior (AI) y giro cingulado medial anterior (aMCC), área motora suplementaria (SMA), área motora cingulada (CAM). ↩︎
Referencias

Preston, S.D., & de Waal, F.B. (2002). Empathy: Its ultimate and proximate bases. The Behavioral and brain sciences, 25(1),1–71.

Schurz, M. et al. (2021) ‘Toward a hierarchical model of social cognition: A neuroimaging meta-analysis and integrative review of empathy and theory of mind’, Psychological bulletin, 147(3), pp. 293–327. https://doi.org/10.1037/bul0000303

de Waal, F. B. M., & Preston, S. D. (2017). Mammalian empathy: behavioural manifestations and neural basis. Nature reviews. Neuroscience, 18(8), 498–509. https://doi.org/10.1038/nrn.2017.72

Delahoy, R. et al. (2022) ‘Modulation of the brain’s core-self network by self-appraisal processes’, NeuroImage, 251, 118980. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2022.118980

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