La oxitocina: el gorila de la discoteca «Confianza»

[AVISO: contenido denso]

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No es la primera vez que la oxitocina sube a la palestra de este blog (ver, ver y ver también). Sin embargo, en esta ocasión lo hace con su cara menos conocida.

Se le ha llamado la hormona de la moral, la hormona de la generosidad y demás nombres pintorescos. Todos relacionados con conductas en los cuales está fuertemente implicada, como las que tienen que ver con la confianza y formación de vínculos afectivos de distinta índole.

Sin embargo, en los últimos años la investigación con esta hormona ha desvelado que tiene no sólo el poder de influir en nuestra versión más amable, sino también en nuestro comportamiento a la hora de excluir a los demás de nuestro círculo interno. Es decir, también dificulta la formación de lazos afectivos con aquellas personas que evaluamos como no dignas. De qué lado se establezca el vínculo parece depender principalmente del contexto social y emocional.

Se podría decir que la oxitocina es como el gorila a la puerta de esa gran discoteca llamada confianza, el cual te deja pasar o no según la pinta que lleves y cómo tenga el día el guardián de la puerta. Estos son algunos de los descubrimientos más recientes sobre el papel de la oxitocina en este sentido.

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Oxitocina, la molécula de la confianza

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1. Potencia el recelo.

Un estudio publicado en  Journal of Neuroscience en 2012 demostró que esta hormona es capaz de generar sentimientos de rechazo hacia personas del sexo opuesto en aquellos sujetos con un hype de oxitocina 1. En este estudio, 57 jóvenes alemanes heterosexuales fueron expuestos a una dosis de oxitocina o placebo, e invitados después a entrar en una pequeña habitación con una hermosa mujer que les hacía algunas preguntas. Pero los investigadores no estaban interesados en las respuestas, sino en otros marcadores de conducta no verbal del participante para con la chica. Curiosamente, los hombres con pareja expuestos a oxitocina se mantuvieron prudencialmente alejados de la cómplice; a una distancia significativamente mayor que aquellos que tenían pareja pero habían sido expuestos a placebo y que aquellos que no tenían pareja.

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2. Nos hace malos ganadores y peores perdedores

Bastantes estudios han hallado que la gente con altos niveles de oxitocina se muestran mucho más rencorosos con el resto de participantes en, por ejemplo, juegos de azar como las cartas. Esto ha provocado que no pocos neurocientíficos otorguen a la oxitocina un importante papel en las emociones y conductas aproximatorias 2, aquellas que tienen que ver con desear algo de alguien.  En este sentido, un estudio publicado en Nature Neuroscience sugería que la oxitocina es capaz de fortalece las memorias sociales de contenido negativo también 3.

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No tan rápido…

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3. El camino a la sumisión

Se conoce bastante el papel de la oxitocina en la conducta proactiva y de cooperación.  Lo que no se conocía tanto es el papel de esta hormona en el pensamiento grupal. Y en eso precisamente se centraron Mirre Stallen y sus colegas el año pasado  4. En este estudio, varios participantes fueron divididos en grupos de 6, siendo algunas personas expuestas previamente a placebo o a cierta dosis de oxitocina. Luego, a cada grupo se le presentaba una serie de imágenes sobre las que tenían que decidir la más atractiva. Los resultados, publicados en Psychological Science, mostraron que los sujetos expuestos a la hormona tenían tendencia a seguir la opinión del grupo, a diferencia de los participantes con placebo, cuyas opiniones eran más polémicas y asertivas.

La cooperación es, sin ningún lugar a dudas, una conducta necesaria e indispensable para el progreso de una especie y la sociedad. Sin embargo, a veces, ser demasiado colaborador puede dibujar un perfil de pasotismo y falta de iniciativa, lo cual no siempre es positivo.

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4. Tu grupo es mejor que los otros grupos (hasta cierto punto)

En un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad de Friburgo, De Dreu y colaboradores sugerían que uno de los efectos que tiene la liberación de oxitocina es la de aumentar significativamente nuestro amor por el grupo al que pertenecemos 5 (ahora sabemos que los devotos aficionados en ciertas gradas de estadios de fútbol bien podrían ser hermanitas de la caridad en otro contexto. LOL).

Sin embargo, a pesar de lo ingenioso del diseño, este artículo ha sido severamente criticado por la aparente simplificación en la interpretación de los resultados 6. Sin embargo, también es cierto que De Dreu y cols. no son los únicos que han encontrado resultados similares a este respecto.

No obstante, hay que señalar que amar a tu grupo no implica necesariamente odiar al resto, y buena cuenta de ello dieron en la Claremont Graduate University en un estudio en el que se concluyó que el nivel de oxitocina no es un factor determinante a la hora de predecir el destino (si al propio grupo o a otro) ni la cantidad de dinero que los participantes podían donar tras un experimento 7. Con cierta salvedad: los grupos marginados. Cuanto más apartado de la vida del campus se siente un grupo, más probable es que las donaciones de sus participantes repercutan en su mismo grupo.

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West Side mothafuckas’!

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5. Confiados sí, pero no crédulos.

Parece que la oxitocina está bastante implicada en muchas de las conductas que tienen que ver con las interacciones y la psicología grupal. Puede que muchos potenciales villanos con aspiración de dominación mundial se estén frotando las manos pensando en que lo único que necesitan es una buena dosis de oxitocina en el momento adecuado para comenzar a rodar las tuercas.

Nada más lejos de la realidad, ya que otro de los aspectos recientemente descubiertos acerca de la influencia de esta hormona en la conducta es que puede ser modulada conscientemente. Es decir, se puede anular cognitivamente el impulso dirigido por la oxitocina .

La mayoría de estudios muestran que así como la oxitocina nos vuelve más generosos y potencia la confianza en los demás, no nos hace más crédulos. Esta hormona no hace pasar a tonto de tan bueno. Si una persona cree que otro no tiene realmente buena intención para con nosotros, la confianza decae y se es perfectamente capaz de terminar la relación con esa persona o grupo.

Esto que parece tan obvio va más allá del propio interés. Es posible que sea tal la recompensa de pertenecer a un grupo que se llegue incluso a lastimar a otros por permanecer en él. El deseo de pertenencia puede comprometer seriamente los principios éticos. En este momento es cuando el poder consciente sobre la influencia de la oxitocina toma valor.

Parece ser que Paul Zak suscribe totalmente aquello en lo que tanto insisten los padres de juntarse con buena gente. En palabras del autor de La molécula de la moral: «la esencia de la oxitocina, al final, reside en que debemos rodearnos del ambiente adecuado para desarrollar nuestra al completo nuestra virtud». Yo no estoy totalmente de acuerdo con esto, pero a la vista de las investigaciones, parece incuestionable que las condiciones en que la oxitocina entra en juego son muy significativas para el resultado conductual en cada situación.

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6 respuestas

  1. Primeramente, felicidades. Un ejemplo de explicar cuestiones complejas haciéndolas accesibles para el peplum XD.

    En segundo lugar, aunque no es el tema de la entrada, cada vez que leo sobre la influencia de determinadas hormonas o sustancias en nuestro comportamiento, me planteo dónde deja el libre albedrío. Incluso, más allá, dónde deja todo esto la responsabilidad penal. Si al final la ciencia nos dice que no somos una tábula rasa, sino que decidimos condicionados por el juego alambicado de sustancias que influyen de manera decisiva en cómo nos comportamos, ¿somos responsables de que nuestro cuerpo no acierte con el hit combo y tengamos comportamientos socialmente inadaptados?.

    1. Primeramente, muchas gracias por tu comentario. Siempre es un placer saber que lo que uno escribe al resto gusta =).

      En segundo lugar, aquí hay mucha tela que cortar. Como bien dices, no tiene mucho que ver con el tema de la entrada, pero da igual =b. La duda que tu planteas se basa en una concepción dualista de la mente. Como si el libre albedrío fuera algo metafísico que va más allá del organismo. Para mí no lo es. Desde la perspectiva en la que yo entiendo la psicología, ese libre albedrío es también el resultado de la actividad del cerebro, con sus hormonas y demás, por lo que no comparto esa visión.

      Por otra parte, ¿a qué te refieres con «Si al final la ciencia nos dice que no somos una tábula rasa…»? Somos genética y ambiente. Nuestra conducta se rige por nuestra actividad cerebral, y esta se moldea en función de nuestras experiencias. Los comportamientos socialmente inadaptados son socialmente inadaptados porque se salen de las normas establecidas concretas para cada grupo. Pero ahí entra el relativismo: un comportamiento socialmente inadaptado en una sociedad puede ser perfectamente tolerado en otra.

  2. Estaba pensando en concreto en la responsabilidad penal y entendiendo como conducta socialmente inadaptada el equivalente a infracción o conducta delictiva, esto es, que cojo la definición de la crimonología de conducta socialmente inadaptada. Lo que vengo a plantearme es que, aunque científicamente sea poco defendible la dualidad de la mente, en las bases del Derecho Penal (que no dejan de ser decimonónicas) sí se parte de esa base. Sólo se es irresponsable cuando hay una causa poderosa que impida al sujeto saber lo que estaba haciendo. Pero si sabe lo que está haciendo, hay responsabilidad. Incluso, si su química cerebral le lleva a determinados impulsos. Porque si sus acciones son algo inevitable (no puede decidir, sigue los impulsos fruto de su cóctel químico) entonces no puede ser responsable, al menos no en los términos en que establece el nacimiento de la responsabilidad el Derecho Penal.

    1. Ya bueno, en ese caso, en mi humilde opinión el derecho penal debería estar un poco más actualizado en lo relativo a la atribución de responsabilidades y, en general, al cómo funciona el cerebro. Es absurdo mantener un sistema punitivo que hace caso omiso de lo que la ciencia tiene que decir al respecto. Y lo que dice la ciencia es que no hay dualidad. Que cada uno piense que el alma o la conciencia es algo aparte del organismo entra dentro del terreno de las creencias.

      Uno es responsable de su conducta siempre. Otra cosa es que pueda aparecer como atenuante que los los propios actos deriven de un tren de pensamiento más o menos lógico. Por ejemplo, no es lo mismo un asesinato que resulta de un brote psicótico si este viene causado por esquizofrenia o por consumo de drogas. Digo yo, vamos.

      Pero son distintos debates.

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