Giro copernicano

Descubrir y aprender es una de las experiencias más fascinantes que uno puede vivir. Al menos, yo. Por eso, entre otras cosas, me encanta dedicarme a la dociencia (docencia+ciencia).

Es muy bonito ser testigo de cómo se han reformado muchos modelos que eran dogma cuando yo estudiaba. O cómo muchos mitos sobre neurociencia se han desbancado gracias a la nueva información que aportan datos más recientes. Desafortunadamente, muchos de estos mensajes desfasados siguen vigentes y se refuerzan a menudo. Tanto desde la academia como el ámbito profesional y científico.

Desde hace un tiempo, una de las cosas que me gusta aclarar cuando hablo sobre neurociencia es que el cerebro, en el fondo, sólo tiene tres funciones. O mejor dicho, todas las actividades y productos del cerebro derivan de tres funciones básicas: regular nuestro sistema interno, crear modelos probabilísticos y crea heurísticos (simplifica la información). Todo proceso psicológico, desde el movimiento hasta la consciencia, es directamente posible gracias a estos tres fenómenos.

Puede parecer reduccionista, pero es todo lo contrario. Es, de hecho, lo que se concluye de los datos más actuales sobre cómo funciona y para qué sirve este cacho de carne secuestrado en la calavera. He tardado un tiempo en verlo, pero estoy totalmente convencido de ello. Y en cualquier caso no importa, porque como se suele decir «a los datos no les importa lo que tú creas».

En este viaje han participado muchos protagonistas, pero quien ha sellado la última página de mi pasaporte es Lisa Feldman Barret. Tanto es así que pretendo dedicar las próximas entradas a tratar cada una de estas lecciones. Traeré las ideas principales e intentaré aportar mi opinión sobre los mitos que va enterrando cada una de ellas.

Será un viaje largo, pero muy divertido :).

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