21 días después de aterrizar por primera vez en el nuevo despacho, creo que ya era hora de dedicarle unas líneas con algo más de detalle.
El lugar que me acogerá durante los próximos dos años es el Instituto de Psicobiología de la Universidad de Trier. Primer dato curioso: es el único edificio académico fuera del campus, el cual está, como suele pasar, a las afueras de la ciudad. Esto tiene sus inconvenientes, pero creo que las ventajas son mucho mayores: está a 10 minutos andando del centro y pegado al principal hospital de Trier.

Aquí dentro coexisten tres grandes grupos de investigación: Psiconeuroinmunología, Psicofisiología Clínica y Neurogenética Conductual. Todos dedicados al estudio de estrés de una u otra forma. Yo firmo como miembro del último grupo, cuya aproximación es principalmente genética.
No todos los proyectos que se desarrollan aquí han de contener un componente genético, pero es sin duda donde son más expertos. Concretamente, el grupo se centra en explorar las interacciones gen/entorno en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el autismo, la esquizofrenia, trastornos asociados al estrés…, así como en el estudio de la relevancia funcional de nuevas y/o consolidadas variantes genéticas en estos trastornos.
Mi proyecto tiene poco de genética, pero el estrés es uno de los pilares en los que se basa la propuesta, así que creo que encaja con el entorno. De momento, las reuniones que hemos tenido han sido provechosas y de todas he sacado algo útil.
Es un grupo pequeño este. Un IP (Herr Meyer), una técnico de laboratorio (Ulrike), tres estudiantes de doctorado (Katherina, Türkan y Bárbara, a quien, por cierto, aún no conozco), una secretaria (Sarah) y dos postdocs (Andrea y menda).
Existe un rollo especial en los grupos pequeños. Todo parece más familiar. Eso, claro, puede patinar en determinados momentos, pero por lo que llevo visto es un grupo que lleva junto mucho tiempo (las doctorandas comienzan su último año de PhD) y se nota en el trato y la dinámica.
De momento estoy bastante a gusto. Hay mucha flexibilidad y la gente parece siempre dispuesta a echar una mano. Todos parecen involucrados en el trabajo de todos, lo que en cierto modo transmite sensación de unidad.
También es cierto que en lo que a faena de verdad se refiere, lo más exigente a lo que me he enfrentado hasta ahora es ajustar un presupuesto más restringido que el mono de ski de Ned Flanders y hacer cálculos de tamaño muestral y estimaciones de tamaño del efecto. Pero soy optimista y creo que podré sacar trabajo adelante.
Ya os iré contando.
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PD: mirad que carabollo más majete n.n