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A mi yo de 4, le diría que aún no lo entiende, pero que está apunto de ver el primer milagro de la naturaleza que seguirá recordando veinticuatro años más tarde.
A mi yo de 5, le diría que no se preocupe y se lo tome con calma, pues allí tendrá que pasar más experiencias de las que puede imaginar. Y que cuando «acaba el cole» el viernes, sólo acaba durante dos días.
A mi yo de 6, le diría que no se lo curre tanto, que le van a pillar igual; no eres tan listo como crees.
A mi yo de 7, le diría que lo tome a mal, los niños son crueles.
A mi yo de 8, le diría se acuerde de lo mal que lo pasaba él, que no sea cabrón.
A mi yo de 9, le diría que al final el tiempo pone a cada uno en su sitio, y que lo mejor que puede hacer es ser él mismo.
A mi yo de 10, le diría que se quejara, que sentirse avergonzado es pasajero, pero dar un paso al frente y ser valiente.
A mi yo de 11, le diría que fuera fuerte, que al final todo pasará. Que nada valdrá la pena, pero que nunca por nada se sentirá más orgulloso en toda su vida.
A mi yo de 12, le diría que tuviera paciencia, y que aún es pequeño para entender por qué la gente rechaza lo que no entiende.
A mi yo de 13 años, le diría que no vale la pena mantener una mentira por una regañina o el temor a decepcionar a alguien. Que hay que saber que nadie es perfecto, y que la ayuda se pide cuando se necesita.
A mi yo de 14 años, le diría que no dejara de hacer karate, porque se arrepentirá y podría haber sido realmente bueno.
A mi yo de 15 , le diría que esas cosas que acaba de experimentar se llaman: amistad, desamor, frustración, alivio y nervios.
A mi yo de 16 , le diría que no fuera tan vago, porque el esfuerzo tiene recompensa. Y ese esfuerzo no será nada comparado con el que tendrá que hacer después para recuperar lo perdido por haber tomado el camino fácil.
A mi yo de 17, le diría que sea más humilde. Porque ser humilde es un valor y una lección que tarde o temprano aprenderá, pero depende de él cómo hacerlo.
A mi yo de 18, le diría que todo va más rápido de lo que parece, que todo cambia más rápido de lo que podrías pensar, y que las cosas importantes casi nunca se ven ni entienden a la primera.
A mi yo de 19, le diría que, aun por las motivaciones equivocadas, ha tomado la mejor decisión de su vida.
A mi yo de 20 , le diría que hay un tango, que le sonará a patraña, pero que tiene toda la razón del mundo. Y que cuando se de cuenta, se sentirá tonto por no haberlo visto. Que aproveche sus amigos, a sus hermanos y a sus padres.
A mi yo de 21, le diría que no es lo mismo un 5 que un 7. Y que vale la pena pelear por ir un paso más lejos.
A mi yo de 22, le diría que se divirtiera más y aproveche sin complejos todas las oportunidades que se le brinden.
A mi yo de 23, le diría que la arrogancia se paga, que a discutir se aprende y que el respeto lo es todo.
A mi yo de 24, le diría que recordara que «todo gran poder, conlleva gran responsabilidad».
A mi yo de 25, le diría que en ese momento no se dio cuenta, pero que acaba de conocer a su persona favorita en todo el mundo para lo que queda de siglo.
A mi yo de 26, le diría que quizá debería haber confiado más, o haber sido más paciente, o más valiente; pero que de todo se aprende.
A mi yo de 27, le diría que le preguntara a mi yo de 5 años qué es lo que le dije. Y se lo aplicara.
A mi yo de 28, le diría que no desmerezca el valor del tiempo, que no sobreestime lo aprendido y que nunca subestime el poder que de una buena siesta.
A mi yo de 29, le diría que me alegro de verle reír recordando lo apurado que estuvo el año pasado.
A mi yo de 30, le diría que tal vez ahora empiece su vida y que la crisis de los 30 es totally not-worthy broscience.
A mi yo de 35, le diría que la ambición sólo sirve si te hace alcanzar cotas más altas de felicidad; que el trabajo es una herramienta para la vida y no al revés.
A mi yo de 40, le diría que le veo más calvo, pero igual de en forma, y más listo, que hace diez años.
A mi yo de 50, le diría que lo hecho hecho está, y lo importante es qué vas a hacer con lo que te queda por delante.
A mi yo de 60, le diría que nunca está de más, ni es demasiado tarde para dar gracias, decir «te quiero», pedir disculpas o empezar de cero.
A mi yo de 70, le diría que, sinceramente, no las tenía todas conmigo de verle todavía por aquí, pero me alegra ver que sigue bien.
A mi yo de 80, le diría que se alegrase por haber tenido una buena vida y haber presenciado una de las eras más absolutamente fantásticas en la historia de la humanidad. Que el único sentido de la vida es la vida misma, y que haber sido testigo, directo e indirecto, de tantas maravillas es algo bonito para tener en mente como último pensamiento.
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Si alguien quiere decirme algo, este es su momento.
3 respuestas
sorprendente entrada y… maravillosa!!
Yo creo que siempre te lo digo todo y que poco te puedo decir que no te haya dicho ya, pero solo te diría que lo que le dices a tu yo de 60, lo diría unos cuantos yos antes… como unos 50 antes!! jajajaja
pd: no es una entrada perfecta porque me falta que le digas a un yo que recuerde que ante todo «hay que querer!!» XDDD
ah, sí!! ¿¿qué pasa con lo que le dices a tu yo de 90 y de 100??
Da igual, porque seguro que no me oye de lo sordo que está XD