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En la misma calle por la que pasaste a por mí hace ocho años, nos abrazamos y te digo adiós. Y como hace ocho años, parece que ninguno sabemos muy bien qué decir. No importa mucho porque, aunque nunca nos hemos cansado de hablar, siempre nos hemos entendido con pocas palabras. Al final, como en tantas otras cosas, parece que una etapa termina como otra empezó. Y en la misma calle por la que pasaste a por mí, nos despedimos.
No te deseo más suerte, paciencia, optimismo, o amor del que ya te (os) he deseado. Sólo sé tú mismo. Siempre. Porque has demostrado que no necesitas ser nadie más para hacerte valer, por más que tantos dudaran.
Te apoyo totalmente en tu decisión. Y, aunque estoy triste, estoy también contento por ver cómo has decidido no resignarte y abrirte camino.
Aunque te voy a echar de menos, cabronazo.
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3 respuestas
Espero veros pronto de nuevo a los dos =)
Buff, esto me suena a tango…
¿Voy mal encaminado? Si estoy en lo cierto, me alegro de que luche por lo que desea!
Perseguir objetivos, metas e ilusiones: always win =)