Tú sí, tú no… Así elige la adicción.

Una de las preguntas más frecuentes y controvertidas cuando surge el tema de la adicción es «¿por qué unas personas se hacen adictas y otras no?».

Tradicionalmente se asumía (y desafortunadamente muchos lo entienden todavía así) que la adicción es el resultado de un progreso lineal en el consumo de sustancias de abuso. Es decir, cuanto más consumes, más adicción creas. Esta concepción viene acompañada normalmente de la idea de escalada de consumo («empiezas con porros y acabas pinchándote heroína entre los dedos de los pies entre cartones debajo de un puente»).

Gracias a años de investigación y un gran trabajo de divulgación hoy se sbe que ninguna de estas dos cosas es cierta tal cual se cuenta. Y gracias a unos estudios recientemente publicados por investigadores del Korean Brain Research Institute, hoy se avanza un poco más en la comprensión de los sustratos neurobiológicos de las diferencias individuales en la susceptibilidad al desarrollo de adicción a sustancias de abuso.

En concreto, el trabajo liderado por Joo Han Lee describe la importancia de los receptores D2 de dopamina de las interneuronas colinérgicas como cruciales en la adicción a la cocaína.

Aviso: tochazo

En otra ocasión hablé de la dopamina; de sus características como neurotransmisor y neuromodulador, su función y su importancia en la adicción. Vale la pena recordar brevemente algunos aspectos, para quien no quiera acudir a las entradas citadas.

La dopamina es un neurotransmisor cuya acción está fundamentalmente implicada en tres funciones: movimiento, motivación y cognición (atención, procesamiento de información…). La dopamina aumenta su concentración ante aquellos estímulos novedosos, importantes y cuya obtención requiere un esfuerzo. Además, se libera en lugares concretos después de obtener un reforzador, de forma que fortalece todas las asociaciones entre estímulos y conductas llevadas a cabo hasta obtener este reforzador. Es decir, participan en el aprendizaje.

Tres de las principales vías dopaminérgicas, con su origen y sus estructuras diana.

La dopamina ejerce su función gracias a la acción de dos familias de receptores: los receptores D1, más presentes en la corteza frontal y el estriado dorsal (más implicados en el procesamiento de información y movimiento); y los receptores D2, más presentes en el estriado ventral, especialmente en el núcleo accumbens (más implicados en la motivación).

Es importante señalar que los receptores de los diversos neurotransmisores no se sitúan sólo en las neuronas de su sistema, sino que pueden aparecer —y con frecuencia lo hacen— en neuronas de sistemas distintos. Así pues, los receptores D2 se encuentran también en neuronas de glutamato, GABA, acetilcolina… Así pues, la función de la dopamina mesolímbica actúa a través de la activación de los D2 en las neuronas del núcleo accumbens.

Una diferencia clave entre las dos familias de receptores dopaminérgicos es que los D2 son unas diez veces más sensibles a la dopamina que los D1. Esto implica que poca concentración de dopamina es suficiente para activar estos receptores. Dado que los D2 señalan estímulos potencialmente relevantes y fortalecen el aprendizaje para conseguirlos, tiene sentido que poca cantidad sea necesaria para activarlos. Para los primeros organismos era crucial maximizar la posibilidad de encontrar comida, bebida, compañía, parejas… Todos estos reforzadores naturales.

Otra diferencia importante es que de forma general, la activación de los D1 facilita la excitación de la neurona. Mientras que la activación de los D2 facilita la inhibición de la neurona en la que se sitúan.

Las dos familias de receptores de dopamina, D1 (asociados a proteínas G estimuladoras) y D2 (asociados a proteínas G inhibidoras).

Las drogas de abuso como la cocaína, son reforzadores artificiales. Esto no impide que activen de manera similar el sistema dopaminérgico a como lo hacen los reforzadores naturales. Es más, debido a su potencia, resultan mucho más reforzantes. Las drogas de abuso usurpan los mecanismos de motivación y los fuerzan a desequilibrar la balanza a su favor, de modo que estas sustancias y todos los estímulos asociados con ellas adquieren prioridad sobre otros estímulos también reforzantes, aunque no tanto.

Los mecanismos neurobiológicos de la adicción son iguales entre especies y personas. Es decir, se deben dar ciertos cambios neuronales para desarrollar adicción. O dicho de otro modo, si una persona desarrolla adicción, es debido, entre otras cosas, a cambios a nivel neuronal en los circuitos asociados y en las propiedades de las neuronas implicadas.

Fin del tochazo

La importancia del estudio liderado por Lee estriba en un descubrimiento que parece dislumbrar algunos aspectos neurobiológicos por los que estos cambios se darían en unas personas con más facilidad que en otras.

En concreto, Lee y colaboradores han demostrado que las diferencias individuales en la susceptibilidad a desarrollar adicción se debe a una mayor expresión de los genes que codifican para el receptor D2 en las interneuronas colinérgicas del núcleo accumbens. Esto es especialmente interesante dado que la mayoría de las neuronas que forman el núcleo accumbens son interneuronas GABA. Así pues, podría ser que tener una mayor densidad de receptores en ese pequeño porcentaje de interneuronas no GABA (1 – 2%) del núcleo accumbens podría estar detrás de los cambios en la vía mesolímbica de dopamina que acompañan el desarrollo de la adicción a la cocaína.

Aunque escasas, la activación de las interneuronas colinérgicas afecta necesariamente al resto de neuronas del núcleo accumbens y, naturalmente, a su funcionamiento y respuesta. Una mayor densidad de receptores D2 en estas células implica una mayor inhibición en su actividad, lo que tiene un impacto en los mecanismos de plasticidad implicados en la creación de asociaciones relacionadas con reforzadores .

Además, se suma que el núcleo accumbens es uno de los centros clave en la respuesta hedónica. Por lo tanto, estas diferencias individuales no sólo afectan a las circunstancias que rodean a la motivación y el refuerzo, sino también a la respuesta de recompensa y el placer.

Muchos son los factores que envuelven la adicción. Pero avances como este ayudan a comprender mejor aspectos relacionados con las bases más fundamentales del trastorno. Algo fundamental tanto para comprender la adicción en sí como para proponer y explorar nuevas vías terapéuticas.

Fuente: Lee et al. Dopaminergic regulation of nucleus accumbens cholinergic interneurons demarcates susceptibility to cocaine addiction. Biol Psychiatry, 2020. doi: 10.1016/j.biopsych.2020.05.003


3 respuestas

  1. Hola buenos días, me ha encantado el artículo. Algun libro para alguien que está empezando a leer sobre este mundillo?? Me habían recomendado algo de Antonio escohotado, pero no tengo ni dea.
    Gracias

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