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– Y bien, ¿qué te parece esto?
– Eso es Madagascar.
– ¿Madagascar? Vaya…
– Sí, ¿ha estado?
– No, la verdad es que no…
– No se lo recomiendo. Demasiado caro.
– Entiendo… ¿y qué ves aquí?
– Claramente, una niña sufriendo.
– ¿Sufriendo? ¿Qué tipo de sufrimiento, Andrés?
– Pues verá, ella ha mordido una piruleta con sus dientes de leche, pero como estaba demasiado dura, se ha hecho daño y la ha dejado caer. Ahora contempla la piruleta envuelta en arena, mientras el dolor en sus encías la atormenta. ¿No cree usted que eso es sufrimiento?
– ¿Sufres tú alguna vez…?
– No, no, doctor. Mire… Mi madre se siente más tranquila si vengo a hablar con usted, y lo reconozco, me encanta lo de adivinar los dibujitos. Pero no intente nada más.
– Me sorprendes, Andrés. Eres un niño muy listo, ¿por qué no me explicas por qué estamos aquí?
– Porque ya lo sabe, y prefiero perder el tiempo discutiendo el por qué de no contarselo, que contárselo de manera aburrida y acabar con el juego. Todavía nos quedan unos minutos.
– ¿Y cómo puedo yo saber, que a tus doce años sabes de verdad de lo que estás hablando, pequeño?
– Oh, nunca lo sabrá. La duda forma parte de mi juego. ¿No le enseñaron a encontrar su propio juego en la universidad?
– Quizá intentes tomarte a modo de juego lo que en realidad sabes que es algo muy serio.
– ¿Insinúa usted que no existen juegos serios?
– Insinúo que lo serio no debe tomarse como un juego.
– Doctor, no voy a morirme. Serio o no, excepto la muerte, todo es un juego.
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4 respuestas
¿por qué me suena tanto? ¿lo habías publicado ya?
Ya sé de qué me suena, maldito 😛
Jejeje
Andrés?? uhm… Me imagino algo de su origen, pero esto me tiene en duda =S aunque imagino que es la duda lo que querias sembrar! vaya!